CARRETERA SALVAJE

Versión corta publicada en revista Qué Pasa. Edición del 30/05/08

No es un simple viaje. Va más allá del turismo. Recorrer Estados Unidos por carretera es vivir un mito. Uno que creó la contracultura de los años 60. Con Jack Kerouac y su libro “On the Road” como principales responsables. Una narración de la generación beatnik sobre las experiencias de dos amigos en las carreteras norteamericanas.  Viajando por Estados Unidos de costa a costa.

Algo parecido se vio después en la pantalla grande. Cómo olvidar a Peter Fonda y Dennis Hopper con chaquetas de cuero, pañuelos en la cabeza y lentes de sol, recorriendo las carreteras de su país en motocicleta, mientras “Born to be wild” sonaba de fondo. Es casi un estereotipo. Pero la imagen sigue reproduciéndose hoy.

Por eso si lo que se busca es experimentar la cara salvaje de Estados Unidos, la carretera siempre será  la opción. Si no es con una moto, arrendar un auto o un motorhome puede ayudar. Nótese que la gracia en este caso es el viaje, y no necesariamente el destino. Y una de las mejores experiencias que la ruta ofrece está camino a California. Tomando como punto de partida el estado de  Arizona.  Tal cual como lo hicieron los buscadores del oro a mediados del 1800. Tal como lo hizo Jojo en la canción “Get Back” de Los Beatles. Un ejemplo de que hasta en Inglaterra se inspiraron con las historias doradas de la costa Oeste. Por algo será.

El verdadero Western

El estado de Arizona ubicado al sur oeste del país, en la frontera con México es junto con Texas la postal del Western. Con el desierto como escenografía y temperaturas que pueden llegar a los 45° C, es imposible no imaginarse dentro de una película de cowboys. De hecho muchos de los filmes sobre el viejo Oeste se han grabado acá. En pequeños pueblos que aún mantienen la arquitectura de fines del siglo XIX. Uno de ellos es Tombstone, conocido por un famoso duelo entre pistoleros en el que participó el legendario Wyatt Earp. Fue una balacera de 30 segundos que dejó a tres muertos y que se conoció como la Gunfight del OK Corral. Quizás por eso el lema de Tombstone es “un pueblo muy rudo para morir”. La calle principal de Tombstone es Allen Street, una vía de tierra, con carruajes, bares y edificios de madera con puertas abatibles. El pueblo vive del turismo, así que mujeres y hombres andan disfrazados con ropa de la época. Es como una escena de “El bueno, el malo y el feo”. Aunque si se trata de películas, la meca del cine Western está en Tucson. Específicamente en “Old Tucson Studios”. Para llegar ahí se debe tomar la carretera 80, hasta la Interestatal 10 y manejar unos 110 kilómetros a través de la tierra de los coyotes. Y no se trata sólo de los animales, sino que de los inmigrantes ilegales que arriesgan su vida cruzando el desierto en busca del sueño americano que está tras la frontera.

La siguiente parada del viaje por la tierra de Gerónimo, el apache, es una de las mayores atracciones de toda Arizona. Se trata del Gran Cañón. Desde Tucson hay que seguir por la Interestatal 10 que llega a Phoenix, la capital del estado. El camino está lleno de enormes cactus en medio de un paisaje desértico que varía en diferentes tonalidades de café y rojo. Una vez en la ciudad, es recomendable una detención para el almuerzo. De ahí el viaje continua por la Interestatal 17 al norte, y luego la I-40 hacia el Oeste, que llegará al pequeño poblado de Williams. Aquí el panorama visual cambia, ya que no es de extrañar que alguna que otra tormenta intempestiva caiga de sorpresa. Esto ha generado un microclima conocido como Kaibab Nacional Forest. Un frondoso y verde bosque que acompaña la ruta número 64 que lleva al Gran Cañón.

El espectáculo es impresionante. Un tremendo y zigzagueante abismo de color rojizo que cae a orillas del río Colorado. Los lugares de observación para los turistas son varios, y para recorrer el borde sur que mide 350 kilómetros hay varias opciones. Pero para eso se necesitan al menos dos días. Se puede tomar un tren con locomotoras a vapor que bordea el precipicio, y que se detiene en diferentes miradores. Otra forma es hacer un recorrido aéreo en helicóptero. Pero la mejor experiencia es bajar a pie hasta la base del Cañón o bañarse en las cascadas del río Colorado. La energía mística del lugar es requerida por muchos turistas, quienes también visitan el Cañón en busca de buenos avistamientos de ovnis. No es raro si se considera que la mítica Area 51 de la Fuerza Aérea está a pocos kilómetros.

Cuando cae la noche lo mejor es volver a Williams y buscar un hotel. Pero si se está viviendo un “road trip”, el alojamiento tiene que estar al nivel de la experiencia. Y como de aventura se trata un cinco estrellas no está permitido. Para dormir hay que buscarse una habitación en un motel. Y no es difícil. Cerca de las ciudades y pueblos hay muchos pensados no necesariamente para las tareas amorosas, sino que para los viajeros. Tienen una imagen familiar. De seguro se reconocen de cientos de películas norteamericanas. Edificios simples, de dos pisos, con puertas que miran hacia la carretera, y autos estacionados. Son seguros y limpios. Eso sí, el desayuno es a la americana: una dona y un café. Tan típico como para tomarle una foto.

La ruta madre

Cuando sale el sol en Williams el sonido de los motores se deja sentir con fuerza. Motociclistas con chaquetas de cuero estilo Hell’s Angels comienzan a aparecer en la autopista. La razón es simple, en Williams está la bifurcación hacia la  ruta más famosa de Estados Unidos. La 66. La histórica. La ruta madre, como la llamó el escritor John Steinbeck.

La ruta 66 fue terminada en 1938,  y fue una de las primeras en conectar el Este con el Oeste del país. Eran cerca de 4,000 kilómetros que unían desde Chicago a Los Ángeles. Por su utilidad se convirtió en la ruta principal para los camioneros y los viajeros. Hoy, sin embargo, tiene un atractivo más turístico que funcional, ya que fue reemplazada por las amplias y modernas súper autopistas. Pero aún quedan secciones intactas de la histórica ruta, y la que mejor mantiene el aroma de  antaño es la que cruza Arizona. Aunque los mapas actuales no la tienen muy destacada, hay señaléticas en el camino, el escudo blanco y negro con el número en centro, que indican dónde se la encuentra. Empieza en Williams y cruza por pueblos como Seligman, Peach Springs y Kingman, donde regresa a encontrarse con la Interestatal 40.

Lo impresionante es que esta parte de la ruta 66 realmente parece haberse quedado pegada en los años 50 o 60. Las antiguas camionetas Chevrolet se ven por doquier. Y para qué hablar de las Harley Davidson, que están estacionadas a un lado de la ruta o cargando combustible en pequeñas gasolineras, las que todavía sobreviven, con sus antiguos dispensadores y sus oscuros minimarket. Ahí los motoqueros adquieren sus provisiones para el camino, entiéndase cervezas, mientras los turistas se inclinan por los souvenirs, desde banderas con el escudo de la ruta, hasta pick-ups de juguete.

El desierto y el oasis

En Kingman hay que dejar la interestatal y tomar la autopista 93. El objetivo: Las Vegas. Una parada obligada está muy cerca de la capital del juego. Se trata de una mega construcción: la represa Hoover. Está ubicada en el Cañón Black sobre el río Colorado, justo en la frontera entre los estados de Arizona y Nevada. No hay que desviarse para verla, ya que la autopista pasa por sobre la enorme estructura en forma de arco que contiene al lago Mead. Para una visita breve, hay un lugar establecido para estacionarse. Pero el lago Mead es la reserva de agua más grande de Estados Unidos, y eso amerita un tour más largo. Una de las atracciones es comprar un ticket para el crucero Desert Princess(US 72,99), un barco a pedales que recorre la represa e incluye almuerzo.

A 50 kilómetros de la represa Hoover está Las Vegas, que da la bienvenida al estado de Nevada. No hace falta comentar que la ciudad es una de las más turísticas de Estados Unidos por sus casinos y hoteles. La ciudad se impone como un oasis entre el desierto que la rodea. El Mojave. Uno de los más calurosos del mundo, que acompaña a los viajeros a través de la autopista interestatal 15 hacia el Oeste. El asfalto hierve, y el calor genera espejismos en la carretera. El mejor momento para recorrerla es en la tarde, cuando el crepúsculo tiñe de rojo las áridas y geométricas mesetas que sobresalen entre los valles.  La ruta aquí se vuelve más pesada por la enormidad del desierto y la falta de zonas urbanizadas. Es la tirada más larga. La buena noticia es que a esta altura Nevada quedó atrás. Ya se está en territorio californiano.

California Dreamin’

The Mamas and the Papas, The Doors o Simon and Garfunkel, pueden servir como banda sonora para la última parte del road trip, que remata en San Francisco. Una de las ciudades más hermosas, y también más heterogéneas de Estado Unidos. Porque sin mentir, San Francisco está pintada con los colores del arcoiris.

Una vez que el Mojave queda atrás, ya por la ciudad de Barstow, hay que empezar a poner ojo con las carreteras que se vuelven más numerosas. Se toma la 58 hasta Bakersfield, y de ahí la 99 hacia el norte. Se pasa por Fresno, una de las ciudades más grandes del interior del estado. Un poco más allá está la entrada al Parque Yosemite, conocido por sus gigantes formaciones rocosas y sus árboles ancestrales.

La Interestatal 580 es como una alfombra roja para entrar a Frisco, como nombraba Kerouac a San Francisco, vía Berkeley. Faltan pocos minutos para empezar a cruzarse con los cables cars y sus insistentes campanillas. Pocos kilómetros para empezar a subir y bajar por las irregulares calles de la ciudad. Ya se divisa el Pacífico. Y la cárcel-isla de Alcatraz. Ya no queda mucho para llegar a la cuna de los hippies: el barrio Haight Ashbury. Así que como broche de oro sería bueno poner a Scott McKenzie y su canción San Francisco en la radio del auto. Y hacerle caso con su recomendación. Porque unas flores en el pelo aquí no desentonarían.

foto: http://www.route66search.com/images/route-66.jpg

3 comentarios

Archivado bajo travel

3 Respuestas a “CARRETERA SALVAJE

  1. gigi live to ride, ride to live

    disfrute cada párrafo de este texto, gracias por compartirlo!! espero algún día poder realizar este sueño que vengo arrastrando de hace años conmigo, cada día que pasa acumulo ansiedad, curiosidad, todas las emociones. sueño día y noche con este viaje que en algún momento espero hacer. mil gracias por contar cada detalle, es lo que más disfuté!!!!!!!!

  2. andres

    nada mal es perderse en los lugares desconocidos
    dejar que su encanto innato te lleve a su conocimiento

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