El periodismo aniquiló mi inspiración. Aniquiló el goce por la escritura espontánea y libre. Me pregunto si algún día volverá esa sensación de pasión, de excitación, cuando una idea se me pasaba por la cabeza. Un sentimiento que viví a los 13 años, cuando iba al colegio con una mochila con 4 cuadernos y una carpeta azul bajo el brazo, que contenía hojas blancas a cuadros, listas para ser usadas como recipiente para mi imaginación durante clase y clase. Ahí. Justo después de terminar rápidamente el ejercicio de matemática que estaba en el pizarrón. Escribir rápido. Antes que se fuera. Compulsión. Pum pum pum pum pum. Me duele la mano.
Era una pasión por crear un mundo paralelo, donde lo que yo quería pasaba. Era como ser una diosa, que gobernaba la tierra de las metáforas. La escritura casi reemplazó mis juegos con las muñecas. Y quizás el comenzar a gobernar mi vida hoy, vivirla tal como la quiero, reemplazó el deleite por la escritura.
Quizás no tengo que crear mundos paralelos para sentir que domino una vida. La propia. Y que puedo hacer lo que quiera.
Ya entiendo porqué tanto resentimiento.
Ese periodismo que si bien me regala cosas, no me ha vuelto a entregar un alimento tan grande como lo hacía la literatura. Ingenua. Espontánea.
Es como en “el síndrome de Bartleby”. Es un No que no fue autoimpuesto, que no fue por temor, es un No, un silencio, obligado por fuerzas externas a mí. Y ese es el más difícil de curar. Porque no se sabe cuándo llegará la medicina. La bendita y esquiva inspiración…





2 comentarios
Octubre 13, 2008 a las 6:18 am
mmm te encuentro toda larazón, especialmente en lo relativo al… periodismo. Yo creo q tu me cachas.
See you on monday!!
Febrero 13, 2009 a las 9:28 pm
bueno yo empeze a escribir mucho mas viejo
y la inspiracion se me hace presente
desde que abro mis ojos
saliendo por mi mundo onirico
tomando el callejon a la derecha
y viendo el cielo
porque no ser un cazador de inspiracion
que teje en redes de palabras
sentimientos que deja el dia a dia
para luego contemplar
en una subjetividad nata
los quehaceres cotidianos.
talvez un buen porro te siente bien.